Monologo IV

Tu ausencia dejó pasar la brisa.
La luz entró por los huecos inadvertidos del pensamiento. Oh!
No me necesitaste de nuevo.
No regresaste conmigo.
Fui feliz de saber que lo habías sido
y comencé a ser yo.
No tan tuyo y me creció la vida dentro.
Y todavía te quiero.

A todos los días de mayo, Jafmary y a Frida.

Ninguna sonrisa es igual si cruza la trayectoria de la suya.
A su ritmo baila, la música y las luces buscan besar la estela por donde pisa, pesa y pasa. Como cala, traza el cause y la ruta del agua que riega el bosque y promete verde, de este a oeste del azul, así como fertiliza el subsuelo de la brisa y mi felicidad.

Eres de luz

Cuando ideas de sombras
minan esta idea que tengo
de la belleza de la vida.
Eres la palabra
que diside en mi tratado
de dudas y silencios.
Y cuando esta marea crece,
de mares que desenrollan
el borde de todas sus olas
en la noche,
eres esa colina sureña
firme y cálida
poblada de pequeños arbustos,
que miran en coro
hacia el otro lado
Eres tratado de paz
Cuando mis manos
pueblan mi frente y mi nuca
en donde se escribe
la última y definitivamente
bélica, de las instancias.
Cuando la bruma y el miedo
son forasteros que debo dejar entrar
y guarecerse de la lluvia inclemente
o el frió de afuera,
tu eres aquella risa. Recuerdas?
Tu eres agua clara de la orilla:
Solución, con las que contamino, a veces
las ganas de no ser.
Y mientras eres...
Eres el muro intermitente
que socava el hastío,
que me deja ver al enemigo
hasta el sol.
Eres de luz.

no vienes

La casa junto al río,
al pie de la montaña.
De rima rara,
el poema que se construye del silencio.
Todo es tan verde cuando vienes
y tan, cuando no vienes, adefesio.

se ausenta

Entonces, siento que, latiendo, me sale el corazón por la boca; Confundo episodios de atención con recuerdos; Tiendo a sentarme y esperar, adivinando con angustiosa mirada el trastocado norte de su posible advenimiento. Comienzo a dudar de mí mismo y sospecho que me he inventado toda aquella realidad en la que fui feliz. La vida cruza ajena y cercana, se mecen en mi adentro, hervores de desaliento, cuando ella se ausenta.